Soy un sospechoso de robo

El(la) ladrón(a) esperó que Machaca se vaya del CPA, plan de 8:30 de la noche. Entró y se paseó-cual alumno en noche de edición- por la sala. Cogió las dos cámaras, los lentes y volvió a salir tal como entró(aún se investiga cómo). Nadie vio nada. Ni los alumnos, ni los plomitos. Nadie supo nada…y el ladrón la hizo linda, hasta ahora.

El notición del ciclo (junto a los 10 soles que el negro puso en el cumple de carnero). Es martes y hay mucha gente afuera del CPA, los profesores murmuran y los alumnos exageran en las bancas (moto dice que fueron 5 cámaras y 4 trípodes). Noto nervioso al jefe de seguridad de la universidad, presiente lo que se le viene.
Escucho decir al asistente del curso de Producción Televisiva que el ladrón debe conocer muy bien la facultad, que sabía dónde estaban las cosas, que no se demoró en buscar. Ahora soy un sospechoso, junto a los demás alumnos que alguna vez visitaron este lugar. Y va en serio: Machaca nos dice que debemos estar en la U a las 6 para que un técnico de la Oficina de Criminalística nos tome las huellas. Todos los alumnos del curso de producción debemos estar ahí. A la mente se me viene CSI…salvando las distancias, claro.
Subo a la camioneta y el chofer me es conocido. El jefe de seguridad conduce y hace preguntas. Lo noto más tranquilo que hace unas horas. “Aunque suene crudo, ustedes son los sospechosos, chicos”, me dice mirando el espejo. Omar me mira y sonreímos juntos, esto nos parece todavía un juego. Le pregunto la hora del robo, a dónde nos lleva, cuánto nos vamos a demorar. Me dice que es sólo una rutina, pero que todos los alumnos debemos ir. “No hay crimen perfecto, el choro ha dejado sus huellas en la luna de la puerta, tarde o temprano le cae el guante”, dice más relajado. Me siento otra vez sospechoso.

 

Miro mi nombre y el número de mi DNI sobre el escritorio del perito. Hace mucho que no veía mis huellas sobre algo. El técnico me pregunta si acabo la carrera este año. Le asiento con la cabeza y le susurro un sí. De fondo una cumbia es engreída por la vieja radio de la oficina. Omar termina con su último dedo y ya quiero irme. Nos regresan a la universidad 10 minutos después.

El seguridad da órdenes por su radio mientras nos lleva de vuelta. Nos dice nuevamente que los alumnos que faltan deben ir mañana a la oficina. Le digo que no tengo ni idea de la forma en que grabaremos el programa que falta. Vuelvo a pensar en ello y tengo un malévolo pensamiento:”molestan hasta por llevar un escote pronunciado, piden carné a todo el mundo, no dejan pasar taxis hasta la canchita…y roban de la manera más tonta”. Me callo y no lo suelto.

Pienso en mi grupo de televisión y en nuestro programa. Pienso en las cámaras que no terminé de manejar a la perfección, y que ahora lloran los más de 15 alumnos que llevan el curso. Y pienso en el día anterior en la banca, cuando le dije al negro que no le rogaría para prestarle su cámara nueva pues en el CPA las tenemos a disposición. Discúlpame negro, yo ayer no dije nada.

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