Fin de semana especial

Ya hecho al dolor por no viajar a Piura para el día de la madre, tengo que programar mi fin de semana “especial” por esta importante fecha. El domingo almorzaré con mis abuelos en casa de unos primos. El sábado en la mañana salgo temprano del trabajo y enrumbo a casa de Liliana; tengo la intención de llegar temprano para poder dormir al menos un par de horas antes de salir al mercado central y al barrio chino a comprar plateria para el negocio que ella tiene y que, por ser ocasión del día de la madre, ha generado que ella tenga varios pedidos para obsequiar, lo cual es bueno para el bolsillo.

A Liliana no la he visto desde el día anterior que salimos a almorzar a Saga de Las Begonias, esta semana estuvimos almorzando casi seguido allí ya que por fin teníamos dinero después de una semana de comer solo salchipapas y sopa por la austeridad de fin de mes. Sin embargo conversamos todo el camino al mercado central y no disfruto del paseo en combi, que me gusta mucho. Me cuenta de Miranda, del colegio y de cómo se perdió la actuación del día de la madre.
Llegamos al barrio chino, y quedo maravillado. Me acuerdo haber ido solo una vez y de pequeño. Liliana conoce muy bien el sitio ya que va a cada rato, me hace un tour seguido: dónde se come buen pato, donde unos chicharrones excelentes y do unos panes rellenos con queso, jamón y aceitunas que son lo mejor que pruebo desde el almuerzo del día anterior. Ya me siento lleno pero me muero de curiosidad por saber qué es esa gelatina naranja descuidada en la vitrina del pequeño local sin nombre. Me entero por unos cartelitos pegados en la base de los recipientes que es una gelatina de arroz. Solo la observo, ya no tengo ganas de probarla.

Vamos a unas galerías cercanas, el emporio de la platería y de los trabajos bañados en oro. Buscamos los pedidos en las caseras que ella tiene desde hace un par de años. Me pide que no le cuente a nadie de sus huecos donde consigue la joyería tres veces más barata que el precio a que ella la vende; asiento en no revelar su secreto pero en este post acabo por contarlo. Está obsesionada por encontrar el “Osito Tous” una figura de plata puesta de moda en España y que ha llamado la atención de sus clientas acá en Lima y que le piden toda la colección: anillo, dije, pulsera y pendientes del maldito oso que no encontramos porque está agotado. Terminamos la búsqueda a las 3 de la tarde, 5 horas han pasado y realmente quiero llegar a almorzar.

Nos tiramos a dormir a eso de las 6 pero Miranda quiere ir al parque a jugar. Después de haber fastidiado buen rato ya no la soporto y terminamos accediendo a ir al parque porque el llanto de la niña se vuelve insoportable. Pensar que Liliana tiene que soplarse todo ese griterio a diario; así como lo soportaron todas nuestras madres, cuando queríamos algo y era más sencillo gritar para conseguirlo que pedirlo o resignarnos a no tenerlo. Me imagino lo insoportable que he debido ser cuando yo tenía dos años y quería ir a la playa, al parque o al club a bañarme en la piscina y terminaba agotado de llorar porque mi mamá trabajaba en el hospital y muchas veces no la veía un día entero. Aún ahora tiene esa misma rutina y aún sigo siendo insoportable, pero eso es tema de otro post.

Llegamos al parque y nos cruzamos una procesión. La virgen termina en la iglesia de la plaza de Surco su recorrido y la música y el baile de los adultos mayores comienza. Hoy bailarán salsa en la pérgola de la plaza para celebrar el día de la madre. Mientras Miranda juega con Rosita – la empleada que lleva trabajando para Liliana 3 semanas – nosotros aprovechamos a mirar a las parejas y a grabar a un viejito que la rompe bailando.

Terminamos a eso de las 9 y yo enrumbo hacia una reunión con unos patas que no veo hace buen tiempo. Quedo con Liliana en venir mañana para ir a visitar a Jenny, nuestra recién estrenada amiga madre y luego ir al cine o a tomar algo. Camino a mi reunión hablo con mi mamá y le recuerdo las veces que no estaba asi como hoy que está lejos y que tendré que saludarla sólo por teléfono y decirle que ya no me gustan los días de la madre sin ella al lado; que no es lo mismo ir donde la abuela y donde mis tías, que mis amigas son madres pero que aún no se lo creen y que recién me doy cuenta cuan pegado estoy a ella y que la extraño aunque suene cursi. Le pregunto cuando viene para ayudarme en la mudanza, que me traiga unas pastillas para el resfrío y que se quede a vivir conmigo para siempre en Lima, le pido que no me falte hoy. pero eso es lo único que no puede cumplir y yo tampoco.

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